
Tu hogar estaba en los recodos de mis manos abiertas,
pero te parecieron tan insípidas,
que teñiste de cosas el tiempo
con tal de hacerlo interesante,
y te fuiste a roer lo mismo en otra parte.
Sólo espero que la alegría
corra como un niño alrededor de tu mesa
y de tu casa.
Que a la tristeza se le olvide dónde vives
o cómo te llamas.
Que tengas manos llenas de caricias
para despertarte en las mañanas,
y risas que te levanten de la cama
con cabellos rubios
y nariz respingada.
Que la abundancia se sienta cómoda
en tu patio.
Y que tu pasado se borre
como el mío.
Y que no recuerdes que una vez
rezaste las cuentas del tiempo conmigo.
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