
Una vez la bruja del segundo piso se levantó de la cama con los pies pesados. Tenía una media menos, y unos cuantos pecados de más. Normalmente huía de camas o corazones ajenos, pero a veces la lluvia o la soledad son engañosas, y llegan cuando uno menos lo espera.
La madrugada carecía de belleza aquella noche, no había ningún perfume en particular. Aquel ogro no era diferente a los demás, verde, egoísta, lejano … de los que piensan que se saben todos los hechizos.
Cuando por fin recogió las cosas en silencio, saliendo de la cueva como una neblina suave y húmeda, llegó al otro lado del bosque, encendió un cigarrillo y empezó a caminar tranquilamente. Cuando llegó a la casa, iba a encender el ordenador cuando vió algo en el espejo mágico que le dejó la sangre helada : se vió a los ojos y no estaban tristes, no había culpa ni del tamaño de un grano de arena, no había más irremediable vacío, y el silencio que revoloteaba en las noches como un murciélago torpe, se había ido.
Ese día en la mañana se depiló las piernas y le abrió dos botones a la blusa. Mientras fumaba se vió en el reflejo de la ventana y riendo se dijo a si misma que de haber sabido que un filtro de indiferencia contrarrestaba al del amor, hace tiempos lo habría tomado en las rocas.
Excelente!!!! Todos bebemos a veces el filtro de la indiferencia, sólo que no conocemos bien a bien su poder
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